En estas paginas, solamente presentamos las conclusiones generales del informe y las propuestas del EFVV. Se puede comprar el informe completo con la Liga.

Conclusiones

El estudio se ha basado en unos 1.000 expedientes de personas con edades comprendidas entre los 0 y los 75 años, recogidos durante un periodo de 6 años (1998-2004). La mayoría de las patologías señaladas por los que nos han aportado su experiencia no fueron consideradas en su día como complicaciones posvacunación y, por consiguiente, no fueron declaradas ante los servicios de farmacovigilancia.

Todos los pacientes indican que desde el primer momento relacionaron los primeros trastornos con el hecho de haber sido vacunados; sin embargo, el cuerpo médico no hizo el seguimiento oportuno, negando cualquier posible relación entre causa y efecto. La mayoría de los pacientes se queja de la actitud de desprecio, incluso de burla, de los médicos consultados quienes se negaban a reconocer la responsabilidad de las vacunas en los trastornos que padecían, a menudo mal definidos (véase las declaraciones adjuntas).

Entre otros elementos significativos, señalaremos los siguientes:

  • En general, los trastornos aparecen de forma progresiva, tratándose al principio, de pequeñas disfunciones a las que no se les presta de entrada demasiada atención. La situación empeora después de la revacunación.
  • Cuantas más dosis de vacunas se reciben más graves son los problemas.
  • Las vacunas múltiples complican todavía más la situación y es muy difícil incriminar una valencia en particular.
  • La complejidad de los trastornos observados demuestra que las vacunas provocan en la población un nuevo desastre sanitario: las enfermedades de los individuos vacunados.

 

Tipos de complicaciones:

Las complicaciones posvacunales van desde una fiebre anormalmente alta y persistente o una hipotermia inexplicable hasta la muerte, pasando por toda una serie de patologías que afectan a todo el organismo. La lista que presentamos a continuación, ordenada según la frecuencia en que se citan las patologías (de mayor a menor), es el resultado de los datos recogidos, y es una lista que sigue aumentando:

1. Neurológicas

Autismo

Cambio de comportamiento

Convulsiones

Gritos persistentes, inconsolables

Encefalitis

Epilepsia

Fatiga crónica

Fibromialgia

Hiperactividad

Meningitis

Mielitis

Parálisis

Esclerosis en placas

Sordera

Síndrome de Rett

Síndrome de West

2. Alergias

Asma

Bronquiolitis

Celulitis

Anafilaxia

Dermatitis

Eczema

Intolerancia digestiva

Laringitis

Psoriasis

Tos persistente

Urticaria

3. Infecciosas

Adenitis

Amigdalitis

Artritis

Bronquitis

Gripe

Hepatitis

Infección urinaria

Mononucleosis

Paperas

Otitis

Faringitis

Neumonía

Sarampión

Síndrome febril

Tuberculosis

4. Autoinmunitarias

Diabetes

Disminución de plaquetas

Lupus

Púrpura de Henoch

Retinitis

Síndrome nefrótico

Tiroiditis

Angeítis

5. Cáncer

Leucemia

Enfermedad de Hodgkin

 

6. Fallecimiento y muerte súbita del niño

 

Tipos de vacunas incriminadas

La vacuna múltiple que incluye: difteria, tétanos, polio, tos ferina y hemofilia es la que aparece con más frecuencia como responsable de las patologías neurológicas. La vacuna contra la hepatitis B es la más frecuente en las enfermedades autoinmunitarias y articulares, así como en algunas patologías mal definidas bajo el nombre de "fatiga crónica". La triple vacuna contra el sarampión, la rubéola y las paperas está considerada como la responsable de la diabetes, de los problemas ORL y renales, y de la artritis. La vacuna contra la gripe conlleva complicaciones respiratorias y problemas de tipo gripal. Las demás vacunas, múltiples o no, pueden haber sido la causa de trastornos inventariados, con diferente intensidad y secuelas según los individuos.

 

Aparición de los trastornos

El 75% de las reacciones posvacunales observadas, aparecen en un plazo comprendido entre unas horas después de la inyección y unos 60 días después de la misma; otras reacciones han aparecido al cabo de dos meses. En algunos casos, el efecto indeseable determinante se declara varios años después de la inyección. Evidentemente resulta difícil establecer una relación absoluta entre una incidencia en la salud y las vacunas recibidas, teniendo en cuenta, además, que no hay costumbre de prestar una atención específica a estos fenómenos. Sin embargo, sí que se observa una constante: en cuanto empiezan las vacunas, los niños empiezan a estar "pachuchos" (trastornos del sueño, pérdida de apetito, cambio de carácter, irritabilidad, infecciones ORL reiterativas, etc.). Estos trastornos se consideran "normales", no obstante, son el primer síntoma de patologías más graves que se desencadenarán más adelante.

Este trabajo no pretende tener un valor estadístico ni epidemiológico riguroso; sin embargo, tenemos la obligación de reconocer que el número de efectos secundarios provocados por las vacunas es significativamente importante. Desmiente la información que contiene la propaganda en favor de las vacunas cuya intención es hacernos creer en la inocuidad casi absoluta de esta práctica. Las cifras presentadas por las autoridades médicas, generalmente, no reflejan la realidad. Los padres que tienen un hijo que sufre los efectos de una vacuna no representan más que un porcentaje ínfimo en el balance de beneficios y pérdidas (eso en el caso de que consten en algún repertorio); sin embargo, para dichos padres, la vacuna ha resultado ser contraproducente en un cien por cien. Las víctimas se sienten solas y abandonadas con su problema.

Es evidente que si, desde hace más de un siglo, se hubiese llevado un registro riguroso de los efectos indeseables causados por las vacunas, hoy dispondríamos de un palmarés poco alentador con lo que respecta a la vacunología. Hay muchas posibilidades de que el número de víctimas como consecuencia de las vacunas sea superior al de las víctimas de las enfermedades contra las que supuestamente éstas tenían que actuar. ¿Tenemos que seguir con esta intervención tan desestabilizadora para la salud de todos los ciudadanos del mundo y tan costosa para la sociedad? Esperemos que el trabajo que estamos llevando a cabo en Europa tenga resonancia y sirva para que se produzca una toma de conciencia general.

 

Propuestas del EFVV

 

Introducción

Una vez finalizado el trabajo colectivo que hemos llevado a cabo durante 6 años en una decena de países de Europa, estamos convencidos de que la vacunación no debe constituir en ningún caso una práctica obligatoria dados los efectos indeseables que conlleva y que tendrían que ser reconocidos más abiertamente.

 

Ausencia de farmacovigilancia antes de la vacunación

Se ha comprobado que en todos los países de Europa, los antecedentes sanitarios, familiares e individuales de la persona antes de la vacunación no se tienen nunca en cuenta. Ante esta ausencia de anamnesis que conlleva la falta de conocimiento del entorno de las personas vacunadas, debemos añadir también la misma falta de conocimiento, presente en toda Europa, en materia de farmacovigilancia. En efecto, si pretendemos que la vacunación sea una herramienta que sirva para prevenir enfermedades, es imprescindible tener en cuenta los antecedentes de cada individuo. De hecho, los datos de que disponemos hoy en día en el campo de la inmunología (en particular, los datos relativos al sistema HLA) imponen una exploración de las susceptibilidades, de las predisposiciones y de la situación de cada individuo antes de practicar cualquier tipo de vacunación.

 

Ausencia de farmacovigilancia después de la vacunación

Teniendo en cuenta que ningún servicio de vigilancia farmacológica que merezca este nombre existe en ningún país, parece absolutamente necesario y urgente hoy en día implantar un control exhaustivo e independiente sobre el impacto de las vacunas en los individuos. El corto plazo que se otorga al seguimiento de las vacunas (tres meses máximo) es del todo insuficiente para detectar y estimar los efectos secundarios que pueden producirse después de un estímulo antigénico. Las vacunas provocan modificaciones biológicas a largo plazo y es precisamente a largo plazo cuando se verá la pertinencia de una técnica preventiva.

La vacunación sistemática es la responsable de una desestabilización lenta del organismo que hace que surjan enfermedades nuevas o ya existentes, crónicas o degenerativas, que evolucionan de manera difusa o progresiva, a menudo de forma discreta e insignificante en sus inicios, enfermedades para las cuales las terapias clásicas han resultado ser del todo inoperantes. Esto ha sido constatado en todos los países de Europa con los que nuestro grupo ha trabajado, e incluso en otros países del planeta, lo cual demuestra que nada tienen que ver los elementos de orden racial, geográfico o cultural.

Dificultades para establecer una relación de causalidad con el uso de vacunas múltiples

En la situación actual, con la práctica de vacunas múltiples (hasta siete estímulos antigénicos a la vez), establecer una relación de causa y efecto en la medicina alopática es muy difícil, incluso imposible, con cualquier método que se utilice. Sólo las medicinas no convencionales tienen un enfoque preciso de estas cuestiones. La multiplicidad de vacunas combinadas hace que la búsqueda de causalidad sea inextricable. No por ello, se tiene que invocar al azar y hablar de "coincidencias" cuando surge algún problema. Desde el punto de vista ético, esta actitud sería absolutamente condenable. Después de 100 años de vacunaciones masivas, se ha podido constatar que el número de patologías posvacunación es mayor al de las enfermedades supuestamente eliminadas por dichas vacunaciones. ¿Dónde está el progreso? ¿Cuál es el verdadero impacto de las vacunas masivas sobre la salud de las personas?

Es difícil establecer una relación de causa y efecto con certeza ya que la salud no tiene una definición única y la enfermedad suele ser multifactorial. Por esta razón hay que dejar de exigir pruebas absolutas (requeridas en criminalidad) y empezar a aplicar el principio de precaución basado en un conjunto de probabilidades científicas. Pero, por encima de todo, hay que escuchar a los pacientes y tener en cuenta su "mal-estar"; el ser humano no es un número en una estadística, no puede reducirse a un balance de pérdidas y ganancias.

 

Nosotros proponemos:

I - Igualdad ante la Constitución

1. Mediante la supresión de la obligación de vacunarse en todos los países de la Unión Europea.

Ninguna ley puede imponer la práctica de una vacunación, ya que la obligatoriedad de dicha práctica representa un atentado a la integridad física y por lo tanto, una violación de todos los textos que garantizan las libertades fundamentales promulgadas a escala europea (Derechos del hombre, Carta de los Derechos fundamentales de la Unión Europea, Código de Deontología Médica, Principio de precaución...).

2. mediante la aceptación de una cláusula de conciencia

Esto implica que cada individuo dispone de una cláusula de conciencia que le permite decidir si quiere o no vacunarse y hacer vacunar a sus hijos bajo su responsabilidad y conciencia. La libre elección vacunal es una exigencia mínima absoluta no pudiendo emprenderse ninguna acción judicial contra el individuo que ejerza dicho derecho.

 

3. mediante la ausencia total de discriminación frente a la justicia.

Esto implica la igualdad de derechos ante la justicia, el trabajo y la salud para que no haya discriminaciones de ningún tipo entre las personas vacunadas y las no vacunadas. La ausencia de vacunas no debe considerarse como un delito que enfronte a los padres en los conflictos interpersonales (concretamente, en los casos de divorcio).

Ni que decir tiene que esta libertad, claramente regulada por los textos legales, se aplicará en todos los países de la Unión Europea sin excepción y con las mismas garantías.

 

4. mediante el respecto total de la integridad física de las personas

La vacunación obligatoria representa una violación de la integridad física de las personas, tal como está definida en todos los textos que garantizan las libertades fundamentales en la Unión Europea. Es inadmisible que las vacunas constituyan una excepción a la norma y estén por encima de las leyes; alegando que se trata de una protección colectiva, se menoscaba el derecho privado que garantiza a todos los ciudadanos la total y absoluta disposición de su cuerpo. Lo que queremos es que el hecho de vacunarse sea una elección particular e individual, y que no se ejerza ningún tipo de presión gubernamental, médica o económica al respecto.

 

 

II - Información exhaustiva sobre los efectos secundarios de las vacunas

1. Información destinada a los responsables de la salud y los ciudadanos

En el marco del deber de informar que compete a los médicos y a la industria farmacéutica, tienen que hacerse públicas las notificaciones de los accidentes que pueden eventualmente sobrevenir a causa de una vacuna. Estos datos tendrán que estar a disposición de todos los ciudadanos, de forma exhaustiva, sin engaños ni omisiones, con toda transparencia; el cuerpo médico no podrá esconder ni negar dicha información; esta información podrá servirle de base al médico de cabecera para informar a sus pacientes sobre los riesgos de la vacunación y que éstos decidan libremente. El deber del médico de cabecera será el de minimizar las posibles reacciones adversas para cada vacuna propuesta (utilizando un cuestionario tipo, por ejemplo). Es absolutamente necesario y urgente ofrecer a los futuros médicos una formación específica sobre las vacunaciones y para ello los estudios médicos y paramédicos tienen que ofrecer la máxima información.

 

2. Información de los expertos

Pedimos que en las instancias europeas donde se toman las decisiones, estén representadas democráticamente las múltiples opciones existentes en materia de salud y prevención.

 

3. Información a los consumidores

Todos los componentes de las vacunas tienen que constar de forma explícita en el prospecto que el fabricante pone a disposición del consumidor. De lo contrario, el fabricante incurrirá en falta. Dichas explicaciones tendrán que figurar, asimismo, en los diccionarios especializados de medicina (Vidal, Martindale, Red Book, Medex, etc.)

 

III - Una farmacovigilancia rigurosa e independiente

1. Respetar el principio de precaución

Las vacunas son productos altamente tóxicos debido a su propia composición y también directamente peligrosas ya que se componen de gérmenes vivos o atenuados que pueden recuperar en cualquier momento su virulencia. Existe demasiada información que sigue siendo incierta sobre su eficacia, su inocuidad y la duración de sus efectos lo cual hace que la vacunación se convierta en un acto aleatorio; no hay que olvidar que las vacunas van dirigidas a personas muy diferentes y por eso mismo, puedan ocasionar reaccionas inesperadas e imprevisibles. Para ello existe el principio de precaución, que prohibe actuar en caso de duda. Este principio tiene que ser respetado obligatoriamente, en cuyo caso, sería del todo inconcebible que se ejercieran presiones sobre los médicos que establecen certificados de contraindicaciones.

Por otro lado, sería conveniente que los padres que lo desean, pudieran hacer retroceder la edad de inicio de la vacunación de sus hijos hasta los 2 años, como mínimo.

Considerando los daños que los metales provocan en el organismo, es imperativo suprimir el mercurio de las vacunas, así como el aluminio y todos los demás componentes cuyos efectos son deletéreos.

2. Registro exhaustivo de los efectos secundarios de las vacunas

Es indispensable crear un servicio de farmacovigilancia específico para las vacunaciones. Los datos registrados tendrán que ser accesibles a todos los públicos: particulares, profesionales de la salud, asociaciones, etc. ...

La farmacovigilancia tendrá que estar garantizada en todos los países de la Unión Europea y estar bajo el control de organismos científicos independientes. Los servicios de farmacovigilancia se ocuparán de ofrecer y recibir libremente cualquier información relacionada con los efectos de las vacunas. Los profesionales de la salud tendrán el deber de informar de cualquier incidente posvacunal. Los ciudadanos tendrán el derecho de denunciarlos si éstos no cumplen con dichas obligaciones.

En la reunión del parlamento europeo que se celebró el 7 de julio de 1996 en Estrasburgo con el Profesor LERY, se apuntó la idea de crear un Centro Europeo de Vacunovigilancia o un Observatorio europeo de los efectos secundarios de las vacunaciones. Dicha vacunovigilancia tiene que estar al servicio de los consumidores y no al servicio de los fabricantes. Todos los estudios tendrán que ir acompañados de múltiples e independientes peritajes de comprobación antes de ser aprobados.

 

IV - Indemnizaciones para los accidentes posvacunación

Es indispensable que los Estados miembros de la Unión Europea se hagan cargo de la reparación sistemática de los daños y perjuicios ocasionados por una vacunación. Habrá que simplificar el recorrido que tienen que hacer las víctimas para que se les reconozcan los daños y perjuicios sufridos, además de concienciar al cuerpo médico para que se tome en serio los trastornos que éstos presentan. Muy a menudo las quejas de las víctimas relacionadas con las vacunas no se tienen en consideración e incluso se tratan con cierto desprecio. Se exigirá un cambio de actitud radical a todos los niveles de la jerarquía, con el fin de estudiar con serenidad una indemnización justa para las patologías posvacunales. Esto nos permitirá constatar lo que le cuestan realmente las vacunas a la sociedad, así como, el cambio radical de la balanza beneficios/riesgos.